La Biblia nos habla de como todos somos pecadores, todos hemos pecado:
Romanos 3:23 "por cuanto todos pecaron, y están distituidos de la gloria de Dios"
Isaías 64:6 "Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento"
Según estos versículos, nuestras buenas obras vienen a ser como trapo de inmundicia delante de Dios, porque somos pecadores. Dios no tolera el pecado, porque Él es un Dios santo. Por eso, los pecadores no pueden vivir con Él, no pueden presentarse delante de Él.
Nosotros merecemos el infierno:
Romanos 6:23 "Porque la paga del pecado es muerte..."
Pero Dios es un Dios bueno y misericordioso. Él no quiere para nosotros el infierno:
2 Pedro 3:9 "El Señor no tarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento"
Ezequiel 33:11 "Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis...?"
Dios te ama y Él te ofrece el camino para que vayas al cielo. Su Hijo es su provisión:
Juan 3:16 "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda mas tenga vida eterna"
El Hijo de Dios, el Señor Jesucristo, vino al mundo a morir por nuestros pecados de modo que podamos escapar del infierno y tener entrada al cielo, viviendo eternamente en la presencia de Dios.
1 Juan 1:7 "pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado"
Romanos 6:23 "...la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro"
¿Quieres vivir eternamente en el cielo? Cree entonces en el sacrificio que hizo el Señor Jesús para que pudieras entrar libremente al cielo y disfrutar de la vida eterna con Él y confiesa con tu boca que Él es el Señor.
Romanos 10:9 "Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo"
Si quieres hacer una oración para recibir tu salvación, nosotros te ofrecemos un modelo de Oración de Fe.
Padre celestial:
Hoy reconozco mis pecados delante de ti. Creo que viniste a la tierra y moriste por mis pecados; sé que tu sangre me limpia de todo pecado.
Te confieso como mi Salvador y como mi Señor.
Te pido por favor que entres a mi corazón; que perdones todos mis pecados. Quiero vivir para ti, para siempre.
Gracias por salvarme. En el nombre de Jesús,
Amén

La oración es el medio por el cual los seres humanos pueden hablar con el Creador y mantener comunión con Él. Es una respuesta de nosotros, los seres humanos, a una de las invitaciones que el Creador nos hace para que nos mantengamos en dulce y continua comunicación con Él. Dios, al crearnos, nos ha dado un espíritu humano que a través de la oración se comunica con Su Espíritu.
No toda la humanidad responde a esa oferta de comunión con su Creador. La Biblia enseña que en Él confían los que lo conocen.
ORAR es diferente a REZAR
Existe una diferencia entre rezar y orar. Rezar es “recitar las oraciones usadas por la iglesia”. Orar, en cambio es “hablar con Dios”.
La persona que ora habla con Dios espontáneamente, no es algo prescrito y memorizado.
La oración comprende adoración y alabanza, acción de gracias, confesión de pecados, intercesión y petición. Aunque en la oración están incluidas peticiones, el objetivo de la oración no es solamente el beneficio de quien ora, sino sobre todo, la honra al Nombre de Dios.
ORIGEN de la Oración
La oración existió desde el principio de la raza humana. En el Antiguo Testamento vemos como nuestros primeros padres, Adán y Eva, hablaban con el Creador libremente según Génesis 3 y 4. Aún cuando el pecado entró en la humanidad, los seres humanos podían invocar el Nombre de Dios según lo registra Génesis 4:26.
Más adelante en la Biblia, vemos ejemplos de como reyes, profetas, líderes del pueblo y todos los que querían acercarse a Dios, lo hicieron a través de la oración. Por ejemplo, encontramos a Moisés orando, intercediendo por su hermana Miriam que había quedado leprosa y él sabía que Dios es perdonador, misericordioso y poderoso para sanar (Números 12:13). El rey Salomón oró a Dios cuando le dedicó el templo que le habían construido (1 Reyes 8:12-61). El profeta Jonás, cuando estaba en apuros en lo profundo del mar en el vientre de un gran pez, clamó a su Dios reconociendo que por su amor le oiría desde allí (Jonás 2:1-9). Nehemías oró cuando se proponía reconstruir a Jerusalén que había sido destruida (Nehemías 1: 5-11).
Jesús y la Oración 
En el Nuevo Testamento, encontramos al mismo Jesús orando en muchas ocasiones. En su Bautismo (Lucas 3:21); antes de seleccionar a sus doce apóstoles (Lucas 6:12); oró por la iglesia y (Juan 17); oró antes de su sacrificio por nosotros en el Calvario (Lucas 22:39-46).
Jesús también enseñó a sus discípulos una oración modelo, en la cual la honra al Nombre de Dios es de suprema importancia. Después de establecer alabanzas a Dios y deseo por Su reino, planteamos a nuestro Padre nuestras necesidades de provisión diaria, perdón de pecados, y protección contra el mal.
Salmo 9:10 “en ti confiarán los que conocen tu nombre”
Mateo 6: 9-13 “Vosotros, pues oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.”